Restringir la llegada de pasajeros con su vehículo en ferry aumenta la huella de carbono
La limitación a la movilidad en Illes Balears no es el principal inconveniente que introducirán las restricciones

La limitación a la movilidad en Illes Balears no es el principal inconveniente que introducirán las restricciones

La intención de limitar la entrada de vehículos buscando reducir el número de personas que viajen con su coche hacia las islas, o de establecer límites al movimiento de vehículos entre islas, no es una solución enfocando la cuestión en términos medioambientales. Más allá del hecho de ser una iniciativa que no resolverá el problema de la saturación de la red viaria, penalizando, sin embargo, la llegada de pasajeros por mar.

El vehículo de un pasajero que viaja en el barco (en régimen de pasaje) es, conceptualmente, equipaje. Restringir su entrada es tan absurdo como si la misma administración limitara el número de maletas que pueden llegar a Mallorca en avión.

La aplicación de estas políticas restrictivas es, en realidad, un tremendo error y un atentado medioambiental que opera en contra de los objetivos de sostenibilidad. El transporte marítimo de pasajeros con su vehículo es, por amplio margen, la opción menos contaminante para la conectividad península-islas, y para desplazamientos entre islas.

Una pareja que viaje con su coche (aproximadamente 1,5 toneladas de vehículo transportado) en un gran ferry genera mucha menos contaminación de CO2, y de emisiones de numerosos gases contaminantes, que, si esas dos personas viajan en avión, transportando únicamente unos pocos kilos de equipaje con ellos.

Una familia que viaja con su coche en barco, por ejemplo para pasar una semana en Mallorca, dejará una huella de carbono total (sumando ida, vuelta y desplazamientos en la isla) inferior a la que generaría esa misma familia solo con el viaje aéreo de ida y vuelta.

Desincentivar el uso del ferry provoca una lógica caída de la demanda que inevitablemente se trasladará al modo de transporte más contaminante: el avión, cuyo nivel de emisiones de CO2 por pasajero transportado es el más alto. El resultado neto de estas políticas es un incremento de los niveles de contaminación y de la huella de carbono de los desplazamientos de residentes, visitantes y turistas que antes empleaban la alternativa marítima; especialmente al referirnos a los movimientos de pasajeros entre las poblaciones de la costa del Levante peninsular y Baleares, y muy especialmente a los desplazamientos entre islas.

Una caída en la demanda de la opción de viajar por mar implica un ajuste a la baja de la oferta por parte de las navieras, que se traducirá en menos plazas y/o menos frecuencias, lo cual tiene un efecto directo y perjudicial: limitar la movilidad de los ciudadanos de Illes Balears. Como ya se ha observado y evidenciado en Ibiza.

Este error de diagnóstico político, de estudios sesgados, se suma a una situación heredada de décadas de abandono político y de políticas portuarias erradas sobre el segmento de los ferrys en el puerto de Palma.

Los pasajeros del barco, a diferencia de los que viajan en avión, en la mayoría de los casos no disponen de estaciones marítimas adecuadas y dignas. La mayoría de los actuales muelles empleados en el puerto de Palma, donde en este sentido se ha dado preferencia a los cruceros, son muelles genéricos para buques de carga sin adecuadas instalaciones para los pasajeros, con una completa inexistencia de pasarelas de embarque para estos.

Al menos, desde hace poco, se ha puesto fin a la segregación del pasaje al embarcar con su vehículo (que obligaba a los pasajeros no conductores a embarcar a pie). Una anacrónica y torticera interpretación que únicamente se daba en Baleares, y que el Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos había reclamado con dureza su eliminación. No obstante, si se ha tardado unos años para traer a escena una necesaria mejora que no conllevó, ni necesitó, ninguna fuerte inversión, …  ¿Cuánto habrá que esperar para las medidas que precisan de fuertes inversiones públicas? 

Este abandono histórico, sumado a las actuales intenciones de introducir limitaciones inapropiadas, está generando una espiral que desincentiva la opción del viaje en ferry y desvía al pasaje a opciones más contaminantes, provocando un incremento de la huella de carbono en la conectividad de Baleares. Si, por el contrario, estas políticas y medidas propuestas no son más que un fragmento de las medidas que se están gestando para contener la evolución alcista en el número de cifras y de personas, o presión demográfica, que sufre Baleares, ¿por qué no hay medidas parejas en el mismo sentido y proporción respecto del tráfico aéreo?

Noticias relacionadas