Cuando el mar dejó de ser cosa de élites: la historia olvidada del Club España
​​​​​​​Un artículo de 1947 en la revista Nautilus revela cómo esta entidad, germen del Real Club Náutico de Palma, acercó la náutica de recreo a las clases populares

​​​​​​​Un artículo de 1947 en la revista Nautilus revela cómo esta entidad, germen del Real Club Náutico de Palma, acercó la náutica de recreo a las clases populares

Reordenar la biblioteca privada es un ejercicio que recomiendo realizar al menos una vez cada lustro. Lo más probable es que uno posea una considerable cantidad de libros que jamás serán leídos y que, por tanto, esa nueva catalogación por temáticas, en lugar de la alfabética existente hasta la fecha -o viceversa-, carezca de toda utilidad. La verdad es que bastantes de esas obras cambiarán su ubicación en un mismo estante para seguir cerradas y acumulando polvo. Sin embargo, también cabe la posibilidad de que, durante el proceso de recolocación, se produzca alguno de estos dos milagros: uno, que se establezca una suerte de conexión entre el objeto y la persona, dando lugar a que ambos -el hombre y el libro- se concedan una segunda oportunidad; y dos, que una página abierta al azar, además de obrar el prodigio anterior, una dos puntos en el tiempo y sirva de inspiración, con mayor o menor suerte, para un artículo como este.

Portada de Nautilus (diciembre de 1947)

Me hallaba hace unos días en el trance citado, cuando la cubierta de una antigua publicación que ignoraba poseer me indujo a hojearla. El número 24 de la revista Nautilus, correspondiente al mes de diciembre de 1947, ilustraba su portada con la imagen a color de una fragata de tres mástiles navegando antagallada bajo un cielo de nubes tenebrosas. La abrí por la mitad, con tanta suerte que fui a caer sobre un artículo dedicado al Club España, una de las dos instituciones cuya fusión dio lugar un año después al Real Club Náutico de Palma. He escrito bastante sobre el origen de esta entidad, la más antigua de Baleares si nos retrotraemos a la creación del Club de Regatas en 1891, pero apenas nada acerca del Club España, creado en 1919 “por un grupo de aficionados de condición económica modesta”, según se lee en Nautilus.

Es sabido que, en efecto, el Club España, conocido coloquialmente en su tiempo como el ‘club de pescadores’, estaba integrado por personas procedentes de barrios populares del entorno portuario. Pero lo que más me ha interesado del artículo es su definición de lo que hoy conocemos como náutica social. Dice así: “No debe echarse en olvido que en Mallorca la afición al mar no es patrimonio exclusivo de determinada clase social, siendo muchos los propietarios de pequeñas embarcaciones para quienes su sostenimiento es un constante sacrificio pecuniario. A proteger a estos fervientes aficionados iban encaminados los pensamientos de aquellos que en el año 1919 fundaron este Club”. No cabe duda, pues, de que el acceso a la náutica de recreo ya se entendía poco menos que como un derecho para los mallorquines hace casi 80 años.

También habla el autor anónimo de este texto, que el albur ha decidido rescatar del olvido, de otros aspectos que desconocía por completo o de los que me habían llegado referencias muy tangenciales. Sabía, por ejemplo, que el Club España había llegado a ser muy popular, pero no tanto como para alcanzar la increíble cifra de 1.200 socios, ni que sus 308 amarres lo situaban “a la cabeza de todos los clubes españoles”. Tampoco me sonaba ni remotamente que tuviera su propia mutualidad, fundada en 1934, la cual, dice el texto, “ha venido cumpliendo fielmente su benéfica finalidad de facilitar un auxilio económico a las familias de los asociados que fallecieren”.

Una pareja posa con el edificio del Cñub España al fondo. / Fotos Antiguas de Mallorca (FAM)

Nunca había oído hablar, por otro lado, de una “consigna propugnada” en aquellos años por el dictador Francisco Franco para “fomentar la afición al mar de todos los españoles”. El predidente De Gaulle promovió esta misma idea de acercar el mar al pueblo después de la Segunda Guerra Mundial y consiguió que Francia no solo se sacudiera el estigma de actividad elitista que aún persigue a la náutica en España, sino que se convirtiera en la principal potencia de la vela mundial, al menos en lo que concierne a las grandes regatas oceánicas. Pero eso es otra historia.

En definitiva, me ha parecido interesante recuperar algunos aspectos de esta pequeña pero valiosa pieza periodística, que confirma el papel pionero de las clases populares en el desarrollo de la náutica de recreo tal y como la entendemos los mallorquines desde que, hace más de un siglo, descubrimos que el mar era, al margen de un medio hostil, un espacio para el ocio y la libertad. 

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