Patrona de altura, viajante marina y escritora náutica, a principios de los 90 Ana Capsir construyó junto con su marido, el arquitecto Jesús Penelas, el que sería su primer barco, La maga azul, un buque de acero de 43 pies con el que descubrió sus preferencias como navegante. Del año 2000 hasta el 2010 Capsir capitaneó y fue docente del buque escuela de la Generalitat de Valencia, la goleta Tirant Primer, hasta que se embarcó en su actual empresa, La Maga 3, un velero con el que surca las aguas de las islas griegas y en el que tiene su negocio de planificación de viajes, alquiler charter y organización de cruceros.
Como capitana de La Maga Azul protagonizó Corsica salvaje, uno de los capítulos del prestigoso programa de TVE Al filo de lo imposible. Reside, cuando no navega, en Evgiros, un pueblo de Lefkada, una isla del Jónico de escasa extensión cuya característica principal son sus acantilados de tiza blanca, que le dan nombre. Es en su casa, en tierra firme, donde escribe y se inspira.
Sobre su experiencia como navegante ha escrito: «Ser mujer y que te gusten los barcos es duro (hasta extravagante), pero ser mujer y dedicarte a la vela como profesión es a veces un calvario. Nunca te acostumbras a que te hablen en plural mayestático en los puertos, aunque te vean sola a bordo; a que te digan si pueden hablar con tu marido, cuando intentas hacer cualquier gestión o a que te pregunten si eres la cocinera del barco. Nunca. Aunque lo intento».
Autora del blog navegandoporgrecia.com, colabora habitualmente con el Huffington Post y con otras publicaciones náuticas como la revista Yate, es lectora de la versión one line de la Gaceta Náutica y acaba de estrenarse en el mundo de la narrativa con Mil viajes a Ítaca, una crónica de su experiencia náutica personal que ha subyugado a la editora de Casiopea, Pilar Tejera, experta en literatura de viajes.
Su primera incursión en la narrativa fue a través de un cuaderno de bitácora web que se consolidó como blog.
«No tenía expectativas de que llegase a mucha gente –cuenta–, pero enseguida tuve muchos seguidores y comentarios. Escribía sobre mitología, historia, gastronomía… sobre lo que me apetecía. Escribía sobre los puertos, las travesías, la gente… Yo creo que escribir a quien más enriquece es a mí y por eso decidí que podía reunir anécdotas, conocimientos y experiencias en un libro. Cuando lo terminé lo remití a varias editoriales y me contestaron varias interesadas en publicarlo pero enseguida me decanté por Casiopea».
Sobre su decisión de abandonar su carrera científica para dedicarse a la náutica cuenta que no recuerda un motivo y que no está segura de las razones por las que se decantó por esta opción: «No sé si hice bien o no pero, en cualquier caso, la vida no te lleva si tú no quieres que te lleve».
Dice no echar de menos su vida como científica y no arrepentirse de haber tomado la decisión que cambió totalmente su estilo de vida, aunque sigue en contacto con la comunidad científica por curiosidad.
Ha trasladado al Jónico su vida y de las islas griegas destaca que todas son diferentes y que distan un mundo entre sí aunque entre una y otra la travesía sea corta: «Cada viaje es diferente aunque visites el mismo sitio» y añade que «como en el poema de Kafavis, Ítaca solo es la razón para emprender el viaje».

