A merced del viento, de la mar, de todo lo imaginable que nos podamos encontrar en el azul horizonte, así estamos día tras día los que navegamos. Cuatro pinceladas rápidas y recientes para situarnos.
1. Todavía sentimos la humillación y el desprecio a la náutica social balear que supuso el decreto de la posidonia; evidentemente no por el fondo, sino por las formas.
2. Hace unas semanas desayunábamos con la noticia de que la misma conselleria de medio ambiente que con buen criterio apuntaba al vaciado de las sentinas de las embarcaciones como una amenaza para la planta, se descuelga ahora, parece ser -y digo “parece ser” porque estamos a la espera que se nos facilite el informe técnico-, con que no se puede establecer una relación entre los repetidos vertidos de aguas mal depuradas en la bahía de Palma y la regresión o el mal estado de las praderas de posidonia. Afortunadamente, los estudios solicitados por GN a la UIB respecto a las cianobacterias no dicen lo mismo, así como los realizados por consultorías externas.
3. Parte de lo que pagamos por tener una embarcación, ya sea en instalaciones de gestión directa o indirecta, crea un “excedente” que, mediante la figura del traspaso de capital, va a parar al IBAVI (5 millones) o, como en el último presupuesto de la Comunidad, a Serveis Ferroviaris de Mallorca (10 millones). No se trata de subvencionar la náutica social, pero lo razonable sería que los “beneficios” que generan los puertos reviertan en ella, o que se pongan tarifas ajustadas, sin que sea necesario hacer un negocio sobre una afición del ciudadano, que es la normal viviendo en una isla.
4. Y la última, esta semana. Ahora resulta que la ampliación de la concesión de los cinco años a los clubs náuticos y puertos va a ser un elemento compensatorio económico por el COVID19. No hay que perder de vista que este hecho, que afecta tanto a los clubs como a los navegantes, repercute en nuestros bolsillos. Las peticiones que puedan hacer los concesionarios por el virus y su repercusión económica en la temporada que tenemos a las puertas nos afectan. Sobre todo, si no son atendidas. Me he interesado por conocer de primera mano cómo se había podido “vestir” de COVID-19 un asunto que se lleva tramitando desde hace años. Parece ser que la administración no le ha dado a la noticia el enfoque más adecuado ante la opinión pública. Sólo se equivocan aquellos que trabajan. Por este motivo no creo que sea adecuado incidir si sólo se trata de un error de forma.
En lo que si tendremos que fijarnos es en el tratamiento que tienen estos concesionarios por parte de la administración en la situación actual. Por lo dicho, porque al final el dinero sale de nuestros bolsillos. Hace dos días se desviaban los 10 millones al SFM, hoy por desgracia el viento se pone de proa y tenemos mar gruesa. ¿Qué medidas va a adoptar el Govern con un sector que, según se reconoce desde la misma institución, es un sostén económico importante en nuestra sociedad y con mucho futuro?
Tal vez, como es costumbre, no se adopte ninguna, y gracias a que el sector náutico en su conjunto nos movemos como “un pollo sin cabeza”, siga la interminable zozobra de la náutica social.
* Gabriel Dols es presidente de la Asociación de Navegantes Mediterráneo


