ENTREVISTA
Miquel Suñer: «Dudo mucho que nos rebajen los cánones»
El presidente de la ACNB no niega su preocupación por las consecuencias económicas de la pandemia, pero recuerda que todos los clubes náuticos lograron superar la crisis del 2008

El presidente de la ACNB no niega su preocupación por las consecuencias económicas de la pandemia, pero recuerda que todos los clubes náuticos lograron superar la crisis del 2008

Miquel Suñer, presidente de la Asociación de Clubes Náuticos (ACNB), admite que en sus 71 años de vida nunca había imaginado que la sociedad debería enfrentarse a una situación tan crítica como la generada por la pandemia del COVID-19. «2020 será un año histórico que recordarán nuestros nietos», asegura en esta entrevista, donde analiza los efectos de la crisis en el sector de la náutica de recreo. No quiere engañar a nadie: «El panorama está crudo». Pero a renglón seguido recuerda que los clubes náuticos de Baleares sobrevivieron a la dura crisis de 2008 gracias a su buena gestión de los recursos. El Govern balear se niega de momento a rebajar los cánones y Suñer duda que cambie de opinión.   

Pregunta.– ¿Cómo está afectando la crisis del coronavirus a los clubes náuticos?
Respuesta.– Hemos estado totalmente parados desde el 14 de marzo. El decreto de alarma prohíbe la navegación de recreo hasta el 11 de mayo, en que podrán empezar a navegar las personas que tengan el barco en un puerto de su municipio de residencia. Quiero esperar uno o dos meses y disponer de datos concretos antes de hacer una valoración de los daños económicos causados por esta crisis, pero, como es lógico, estoy muy preocupado. Soy una persona mayor, tengo 71 años, y nunca había visto algo parecido. Las consecuencias de esta pandemia son imprevisibles.  

P.– La temporada turística se da por perdida. Supongo que esté hecho también perjudicará a los clubes.
R.– A unos más que a otros. Cada club es un mundo. Todos contamos con una amplia  flota de base, pero no es menos cierto que el tránsito nos da vida y genera ingresos. Le puedo poner de ejemplo el caso de Sa Ràpita, que es el que mejor conozco. En Semana Santa solemos tener el puerto a tope. Este año no ha venido nadie de fuera, y, tal y como se plantea la desescadala, dudo que la situación mejore en verano. Veo difícil que los navegantes extranjeros y peninsulares que nos visitaban regularmente puedan hacerlo. Quizás en julio o agosto, si la situación se ha normalizado un poco, se registren movimientos entre puertos de Baleares. Pero no nos engañemos: 2020 será un año muy crudo.
P.– ¿Solicitarán alguna medida a las autoridades que ayude a paliar esta situación?
R.– Le seré sincero. Creo que nos podemos olvidar de que nos bajen los cánones, que es el alquiler que pagamos por ocupar el espacio público portuario. He estado tanteando a las instituciones y esa es mi impresión. Es casi seguro que podremos obtener algún aplazamiento.
P.– Las marinas han pedido esas rebajas.
R.– Sí, es cierto, pero su situación es diferente. Las marinas tienen muchos locales comerciales que han tenido que cesar totalmente su actividad y que en muchos casos han dejado de pagar el alquiler. Los clubes, con alguna excepción, tenemos un restaurante y una cantina, y el impacto en este sentido es menor. La mayor parte de nuestros ingresos provienen de los amarres de base.
P.– ¿No temen que se produzca una fuerte morosidad?
R.– Habrá morosidad, claro, y tendremos que gestionarla. Pienso que será parecida o algo mayor a la que produjo la crisis de 2008. Entonces pudimos aguantarla. Nos hicimos cargo de la situación y dimos facilidades a los socios para que se pusieran al día. La mayoría lo hicieron. En toda crisis profunda se produce un efecto de transmisión. A nosotros nos llaman nuestros inquilinos y nosotros llamamos a nuestro casero, que es la administración. Y al final se da la mano hasta donde se puede.
P.– ¿Cuál es la principal inquietud de los socios en este momento?
R.– Les preocupa su barco y nosotros hemos intentado tranquilizarles. Todos los clubes hemos colgando vídeos en nuestras webs y redes sociales de los pantalanes para que los amarristas vean que todo sigue en orden. Los equipos de marinería realizan comprobaciones personalizadas. La gente no entiende que no pueda acceder a su barco, pero la situación es la que es. Parece que la Dirección General de la Marina Mercante ha autorizado que se empiecen a realizar esas visitas a partir del 4 de mayo.
P.– ¿No temen que se produzcan aglomeraciones cuando se levante el confinamiento?
R.– Sí. De hecho hemos pedido a Ports IB y a la Autoridad Portuaria de Baleares que regulen ese acceso para que se pueda hacer de manera escalonada. Sabemos que los amatistas tienen muchas ganas de subir a sus barcos para revisar amarras, cargar baterías y poner los motores en marcha, y nos preocupa todos vengan de golpe en cuanto se levante el estado de alarma. Sería contraproducente masificar los puertos al día siguiente de haber estado más de un més encerrados por el riesgo de contagio.
P.– ¿En qué punto está la actividad deportiva de los clubes?
R.– Los regatistas mantienen línea directa con sus directores deportivos y entrenadores a través de grupos de Whats App y correo electrónico. Hacen lo que pueden desde sus casas. Los deportistas, me consta, se mantienen en forma realizando tablas de entrenamiento físico. Los clubes organizan regatas virtuales. En Sa Rápita hemos decidido mantener la plantilla y que el trabajo que no se puede hacer ahora se compense en cuanto recuperemos una cierta normalidad. Estamos confinados, pero activos dentro de las posibilidades que nos ofrece este encierro obligado. El plan de desescalada abre la posibilidad de que los regatistas puedan empezar a navegar a partir del día 11 de mayo, aunque con limitaciones.
P.– ¿Abrirán las escuelas de vela?
R.– En algunos clubes , especialmente los que están fuera del entorno de Palma, las escuelas se nutren principalmente de veraneantes. Si al final no vienen esas familias, tanto nacionales como extranjeras, la actividad de las escuelas se verá muy resentida. Como en todo, estamos a expensas de cómo evoluciona la situación, pero no hay que engañarse: las expectativas no son buenas. Este año pasará a la historia de este siglo: lo recordarán nuestros nietos. 

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