No se han producido incidentes importantes en los puertos de Baleares durante el confinamiento, pero a medida que han pasado los días ha ido creciendo la preocupación de los armadores. No es lo mismo estar 15 días sin poder inspeccionar los barcos que más de 40. Las sucesivas prórrogas han hecho que aumentara la presión de los navegantes sobre las entidades gestoras de los puertos deportivos para que éstas, a su vez, demandaran una solución a las administraciones competentes.
Las normas del plan de transición hacia la “nueva normalidad” hechas públicas el 28 de abril no dejaban claro si, una vez que se flexibilizara la libre circulación de personas, quedaban autorizadas las visitas a los barcos para revisar amarras y sentinas, comprobar imbornales y baterías, y poner en marcha los motores. El permiso, tras muchas idas y venidas (incluidas dos notas de la Dirección General de la Marina Mercante, un protocolo fantasma y sendas órdenes de Ports IB y la Autoridad Portuaria), llegó pasado 4 de mayo, fecha de inicio de la fase 0, pero con muchas más restricciones de las esperadas: solo se puede acceder al barco una vez por semana, siempre dentro del mismo municipio, una única persona y con la autorización expresa de los responsables del puerto de base. Muchos propietarios, aseguran las asociaciones de navegantes (ADN y ANAVRE), no han podido inspeccionar sus embarcaciones por la sencilla razón de que éstas se encuentran amarradas fuera de la localidad donde residen.
NORMAS SIN SENTIDO
Biel Dols, presidente de la ADN Mediterráneo, explica que la situación es “delicada”, dado que la circulación está restringida para todos los ciudadanos. Que los navegantes pudieran desplazarse de un término municipal a otro por el hecho de tener un barco supondría un privilegio que las asociaciones no reclaman. Con todo, señala que la discriminación sí se produce a la inversa debido a las severas limitaciones de la normativa de visitas a los puertos: “No tiene sentido que cuando la gente ya puede salir a pasear a diario sólo nos dejen ir al barco una hora a la semana. Esto se hubiera entendido cuando todo el mundo estaba encerrado las 24 horas en casa, pero no ahora”.
La realidad, añade Dols, es que en algunos puertos, como pueden ser el de Sa Ràpita, S’Estanyol o S’Arenal, el porcentaje de amarristas residentes en el municipio es muy bajo, entre el 20 y el 5%, de modo que no es del todo cierto que los navegantes puedan inspeccionar sus barcos. El sujeto correcto es “algunos navegantes”.
Los usuarios que han conseguido permiso para acceder a sus barcos siguen sin poder moverlos. Las órdenes del día 4 rechazaron de facto la solicitud para realizar traslados de embarcaciones de particulares situadas en varaderos hasta sus amarres u otros movimientos dentro del puerto, tal y como sí se autorizó a principios de abril para las tripulaciones profesionales a raíz de la llegada de 29 yates procedentes del Caribe a bordo de cinco buques en pleno confinamiento.
Esta licencia para que los marineros profesionales de los citados yates, una gran parte de ellos extranjeros residentes en pueblos de Mallorca, pudieran navegar (incluso entre puertos) se tramitó en apenas unas horas (con intervención incluida de la Abogacía del Estado) ante la presión ejercida por el consignatario que había organizado la travesía. De hecho, tres de los barcos se dirigieron a puertos de fuera del archipiélago tras recalar en Mallorca: uno a Tarragona, otro a Toulon (Francia) y un tercero a los Países Bajos.
PROHIBIDO NAVEGAR
Los navegantes de recreo no pueden realizar ningún tipo de navegación, ni dentro ni fuera de las dársenas, y están a la espera del levantamiento del bloqueo de los puertos de Baleares y Canarias, los únicos que de momento siguen cerrados.
El Govern balear ha pedido a la Delegación del Gobierno que dé respuesta a este agravio comparativo con el resto del territorio nacional y el gerente de la Asociación de Clubes Náuticos de Baleares (ACNB), Rafael Palmer, ha asegurado en el programa Els Dematins, de IB3 TV, que confía en que impere el sentido común y en breve se autorice la navegación de recreo, si bien ha advertido que, como con el asunto de las vistas a los barcos, “habrá que asumir algunas limitaciones”.


