Comienza oficialmente una temporada de huracanes en el Atlántico que, según los expertos, será muy activa. Entre el 1 de junio y el 30 de noviembre, fecha en la que acaba, se registran el 97% de los ciclones tropicales nombrados en este océano, aunque en los últimos años las tormentas precoces van en aumento.
José Antonio Maldonado, director de Meteorología de Meteored, explica que un huracán -en el Pacífico noroccidental se denomina tifón- suele tener entre 500 y 650 kilómetros de diámetro. No lleva asociado frentes y produce fuertes lluvias y vientos de gran intensidad que pueden ser superiores a los 300 Km/h y dan lugar a olas de gran altura.
En torno al centro existe una zona que a veces llega hasta los 50 kilómetros- llamada “ojo del huracán”, en la que el cielo permanece despejado y los vientos son muy flojos o están en calma mientras que los máximos se dan en las “paredes” que circundan dicha zona.
José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored, asegura que “desde principios de año, varios indicadores –como la elevada temperatura del agua superficial del mar en el Golfo de México y el área antillana, así como la ausencia de un evento de El Niño– empezaron a apuntar que la actual temporada podría ser particularmente activa, lo que han ido confirmando las distintas predicciones que han ido publicándose”.
Al margen del número final de tormentas tropicales y huracanes que se formen y las categorías que alcancen estos últimos, “tendremos que seguir vigilando la parte oriental de la cuenca del Atlántico Norte, no sólo en el ámbito tropical, sino en el subtropical, debido a la tendencia creciente al desarrollo de ciclones tropicales por esas aguas, próximas a Canarias y al territorio peninsular”, señala el meteorólogo.
PELIGRO EN EL CARIBE
El inicio de temporada de huracanes en el Atlántico supone un peligro para los veleros que en estos momentos están fondeados en aguas del Caribe sin acceso a un puerto seguro. Las medidas restrictivas que han tomado la mayoría de países por el Covid-19 han provocado que muchos extranjeros, europeos, norteamericanos o australianos que viven a bordo de su embarcación no puedan acceder a tierra.
En este sentido, algunas de estas personas han emprendido el viaje en las últimas semanas a sus países de origen, el único lugar donde serán aceptados, aunque eso implique el cruce del Atlántico en unas condiciones que distan mucho de ser las ideales.
En la mente de muchos está la temporada de año 2017 en el que se registró en apenas dos semanas el paso de los huracanes Irma y María, que resultaron devastadores y probablemente causaron el mayor daño por acumulación de siniestros nunca antes visto en el sector náutico.
Centenares de barcos de todas las esloras quedaron totalmente destruidos en el Caribe. El huracán Irma causó 44 muertes directas a su paso y dejó pérdidas por 50.000 millones de dólares solo en Estados Unidos.


