VELA OCEÁNICA
Guía de la Vendée Globe, la regata más extrema alrededor del mundo
Todas las claves de la circunnavegación en solitario, sin escalas y sin asistencia que arranca el próximo domingo en Les Sables d’Olone. El único representante español, Didac Costa, cuenta con el apoyo de un grupo de empresarios de Mallorca.

Todas las claves de la circunnavegación en solitario, sin escalas y sin asistencia que arranca el próximo domingo en Les Sables d’Olone. El único representante español, Didac Costa, cuenta con el apoyo de un grupo de empresarios de Mallorca.

El próximo domingo, 8 de noviembre, zarpará de les Sables d’Olonne la regata Vendée Globe, la vuelta al mundo en solitario sin escalas y sin asistencia, una de las pruebas deportivas más extremas del planeta. Los patrones participantes en esta competición creada en 1989 deben ser expertos navegantes, por descontado, pero también tener grandes conocimientos en meteorología y la capacidad de reparar su embarcación ante cualquier contingencia, además de poseer una gran fortaleza mental.

La travesía, que se realiza doblando -por este orden- los cabos de Buena Esperanza, Leeuwin y Hornos, consta de 24.296 millas teóricas (44.996 kilómetros), aunque en realidad se recorren muchas más. En las pasadas ediciones algunos regatistas llegaron a navegar 28.000 millas (casi 52.000 kilómetros).

Armel Le Cléac’h fue el ganador de la última edición, celebrada en 2017. El navegante francés estableció entonces el récord de la vuelta al mundo en solitario en 74 días y tres horas, una marca que contrasta con las 109 jornadas y 8 minutos que necesitó Titouan Lamazou en la edición inicial y que prueba la impresionante evolución de la vela oceánica y el diseño naval en tres décadas.

33 patrones tomarán la salida de la regata, el número más elevado desde la creación de esta vuelta al mundo. Entre los participantes hay seis mujeres, una cifra que también garantiza que esta edición será la de mayor presencia femenina de la historia.

LA EXPERIENCIA ES UN GRADO

Como suele ser habitual, los deportistas franceses son mayoría en la competición. Este país, sede la regata y con una gran tradición en la navegación oceánica en solitario, contará en esta ocasión con 22 representantes. A gran distancia se sitúa Gran Bretaña, que tendrá cuatro participantes, mientras que Alemania tendrá dos. Japón, Suiza, Finalandia, Italia y España completan la lista de naciones que estarán en esta edición 2020-21.

En una prueba de esta envergadura la experiencia es un factor que suele ser determinante. En ese apartado nadie gana a Jean Le Cam ni a Alex Thomson, ya que ambos afrontarán su quinta Vendée Globe. La lista de ilustres también incluye a Jérémie Beyou, para el que será su cuarta participación, y Sam Davies y Louis Burton, quienes tomarán la salida por tercera vez.

En lado contrario encontramos a los debutantes, que en esta ocasión serán ni más ni menos que 18, entre ellos el finlandés Ari Huusela, de 58 años.

Sólo cuatro regatistas españoles han participado en las diferentes ediciones de esta regata: José Luis de Ugarte, Bubi Sansó, Unai Basurko y Didac Costa. De ellos, únicamente Ugarte y Costa lograron completar la hazaña. El catalán regresa a la competición con la intención de llegar a la meta por segunda vez. Costa ha contado para la presente edición con el apoyo de diferentes empresarios mallorquines del sector náutico, lliderados por Grupo Barco, que le han ayudado a mejorar y poner a punto la embarcación de cara a este gran reto.

El empreario mallorquín Alex Casares, de Grupo Barco, junto a Antoine Thuillier, de Quantum, en la cubierta del barco de Didac Costa. 

SE IMPONEN LOS FOILS

La Vendée Globe se disputa en embarcaciones de la clase IMOCA (International Monohull Open Class Association), lo cual no significa que todas sean iguales, ni mucho menos. Se trata de una fórmula que concede libertad dentro de unos parámetros (el principal es que los barcos tengan  un solo casco y midan 60 pies). Esta permisividad hace que los diseños sean variados, en función de la época en que fueron concebidos.

Los foils (hidroalas) retráctiles como apéndices se han ido imponiendo en los últimos años. En la presente edición estarán equipados con esta tecnología nada menos que 19 barcos. El resto (14), que coincide con las unidades más antiguas, carecen de capacidad de sustentación sobre el agua y son, por tanto, mucho más lentos.

La edad de las embarcaciones es también uno de los factores clave de esta Vendée, en la que compiten barcos de cinco generaciones diferentes que corresponden a las últimas cinco ediciones de la prueba. Entre las más antiguas están el TSE de Alexia Barrier (1998), el Medallia de Pip Hare (1999) y el One Planet One Ocean de Didac Costa (2000). Estas unidades no pueden equiparase en términos de velocidad a las más modernas pero sí han demostrado una fiabilidad fuera de toda duda. Las tres han completado varias circunnavegaciones y atesoran miles millas de navegación.

En el otro extremo encontramos ocho embarcaciones que han sido construidas ah hoc para la presente edición de la regata. Las últimas en ponerse en el agua han sido las de los debutantes Armel Tripon y Nicolas Trousel, botadas este mismo año. A priori parten con ventaja, pues incorporan innovaciones en diseño que se reflejarán en la velocidad del barco. No obstante, ambas tienen un déficit de competición, ya que este año apenas se han podido disputar regatas.

La flota preparada para la salida en Les Sables d'Olone.

EL PELIGRO SIEMPRE ESTÁ PRESENTE

La Vendée Globe, que tiene lugar cada cuatro años, disputa su novena  edición. La segunda fue especialmente dura y trágica y registró dos fallecidos. El norteamericano Mike Plant desapareció cuando se dirigía a Les Sables d’Olonne para participar en la regata. Su barco, el Coyote, se encontró 32 días después volteado y a la deriva y sin rastro del navegante. Unos días después se dio la salida y un fuerte temporal en el golfo de Vizcaya provocó la muerte del británico Nigel Burgess, cuyo cuerpo fue hallado frente a la costa gallega.

En la siguiente edición, la de 1996-97, el regatista canadiense Gerry Roufs desapareció en enero de 1997 cuando navegaba en décima posición en aguas del Océano Pacífico. El casco volcado de su barco, el Groupe LG 2, fue avistado en el mar seis meses después y fue recuperado posteriormente cerca de la isla Atalaya, ubicada en el sur de Chile.

Desde entonces, y ya han pasado más de 20 años, la Vendée Globe ha extremado las medidas y protocolos de seguridad de todos los participantes y, afortunadamente, no se han registrado más muertes, pero el peligro sigue estando ahí por las condiciones extremas de la competición.

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