Mikel Arizmendi y su familia, armadores del ‘Rafael Verdera’, el barco más antiguo de España, serán galardonados el próximo 20 de noviembre con el Premio Timón a la entidad náutica más destacada de 2020 por su exitoso ejemplo en la gestión privada del patrimonio marítimo.
Mikel, junto con su pareja Nuria Fernández y sus dos hijos, Iñaki y Sara, han convertido el Rafael Verdera en parte de su vida; sin ellos, esta embarcación, que fue botada hace casi 180 años, se hubiera perdido, como tantos otros barcos similares.
El barco de madera con aparejo Ketch de dos mástiles fue puesto en servicio el 15 de abril de 1841, siendo actualmente el más antiguo de la flota española en activo. Con una eslora de 30 metros y una manga de 5,59, la embarcación unió, desde a finales del siglo XIX, las Islas Baleares entre sí y con otras islas y ciudades del Mediterráneo transportando carga y pasajeros.
Hoy, con casi dos siglos de largas singladuras en su quilla, el Rafael Verdera sigue activo, buscando ballenas en el mar o llevando turistas una tarde soleada a bañarse en las aguas cristalinas del Cap Enderrocat. El Rafael Verdera vive ahora entre bodas, fiestas, salidas científicas, turistas y visitas de colegios.
A bordo se criaron los hijos de la familia y allí vivieron una infancia diferente, entre cabos y velas, entre libros de estudio y de aventuras marineras. El barco está en perfecto estado de conservación.
Nuria Fernández ha mostrado su alegría al conocer la concesión del Premio Timón en un 2020 que para ella “ha sido un desastre”. La armadora ha explicado que para poder afrontar el elevado coste de mantenimiento de la embarcación hace tiempo enfocaron el negocio en la celebración de eventos e incentivos de empresa y “este año no ha habido prácticamente nada”.
La armadora del ‘Rafael Verdera’ lamenta que las administraciones públicas no ayuden en el mantenimiento de esta embarcación que es parte de nuestro patrimonio e historia y ha señalado que este año deberían haber bonificado las tasas o los impuestos como se ha hecho con otras empresas.
Pese a todo, Nuria mantiene la esperanza porque el relevo generacional le produce gran satisfacción. “Nuestro hijo ha tomado las riendas y nosotros nos ponemos en segundo plano. Además, vamos a volver a nuestros orígenes y reorientarnos más en el avistamiento de cetáceos y las travesías científicas”, ha remarcado.


