En el "Hugo Boss" (60 pies de eslora), que participa en la regata de la vuelta al mundo en solitario y sin escalas, 350 sensores distribuidos por todo el barco (casco, timón, foils, aparejo) informan continuamente de todas las variables posibles en relación con el estado y funcionamiento de los equipos y elementos a bordo. Desde el interior de la cabina, el patrón puede vigilar las pantallas e indicadores y, sin necesidad de salir al exterior, configurar el aparejo, fijar el ángulo de ataque de los foils u ordenar el rumbo al timón automático.
Los foils han evolucionado, son tres veces más grandes que hace cuatro años y pueden bascular hasta 5º en el plano horizontal. Como consecuencia, los barcos pueden ya "volar" con 12 nudos de viento.
Los sensores de fibra óptica instalados en todos los elementos del barco sometidos a presión, miden continuamente las cargas de trabajo en foils, aparejo, timón, apéndices y casco y avisan de los límites de esfuerzo permisibles. Datos como posibles deformaciones de los foils o deslaminación del casco llegan continuamente a los indicadores. Ello facilita la toma de decisiones necesarias para poder mantener con seguridad altas velocidades durante largos períodos de tiempo.
La inteligencia artificial aplicada a los pilotos automáticos ha supuesto un salto cualitativo de los mismos que los hace infinitamente más precisos y fiables que cualquier "skipper". El piloto automático "entiende" perfectamente el movimiento del barco- cabeceo, balance, deriva- y anticipa sus variaciones, integra e interrelaciona el trimado adecuado de velas y foils y permite, con todo ello, que el barco mantenga un rumbo y velocidad óptimos en relación con el viento aparente y la mar.
El sistema de cámaras de vigilancia exterior, ópticas y por Infrarojos, detecta objetos en el agua de más de 4m. hasta 650 m. por la proa del barco. Asimismo, emisores sónicos subacuáticos alertan de la presencia de cetáceos y envían hacia ello ondas “repelentes”. Medidores de condición física detectan niveles peligrosos de fatiga y ayudan a programar los períodos de descanso y sueño.
Mejores equipos y antenas evolucionadas y perfeccionadas aseguran la comunicación con tierra en casi cualquier circunstancia. En resumen, la tecnología impone su ley y convierte en más importante, en la competición de alto nivel, la continua recogida de los datos que proporcionan los sensores y su rápido proceso que las formas del casco y el diseño de las velas. Los barcos navegan “solos” y lo que hace falta a bordo es más bien un experto en informática.
Sentir el viento en la cara o recibir los rociones de la mar, está pasando a ser cosa del pasado.


