La imposibilidad de trasladarse desde el Reino Unido a Mallorca por las restricciones sanitarias está provocando que muchos yates gran eslora que tenían previsto dirigirse este invierno al Caribe permanezcan amarrados en los puertos de la capital balear. Los capitanes de estos barcos no pueden hacer uso de sus tripulaciones habituales con residencia en Gran Bretaña y han optado por cancelar sus travesías mientras aguardan a que la situación mejore.
A pesar de que esta coyuntura debería a priori ser beneficiosa para la industria náutica local, las empresas de mantenimiento han detectado que la paralización afecta también a los planes de refit. Por un lado están los barcos que ya estaban a punto para cruzar el Atlántico y, por otro, lo que se encontraban en fase de reparación o mantenimiento. Algunos de estos trabajos se han ralentizado ante la falta de una expectativa clara a corto plazo. En general, explica un empresario del ramo, “está todo muy parado”. La tercera ola del Covid-19 está empezando a dejar sentir sus efectos en el sector de la reparación, el único que se ha mantenido activo durante prácticamente toda la pandemia.
El resto de la náutica, especialmente la vinculada al turismo y que por tanto depende de la movilidad en los mercados emisores, ve con mucha preocupación la situación en Mallorca, donde se están registrado cifras récord de contagios y hospitalizaciones por coronavirus, pero también en Alemania y Reino Unido, que han vuelto a superar los 1.000 fallecidos por día y cuyos gobiernos han anunciado el endurecimiento de las medidas para la contención de la pandemia.
La supervivencia de las empresas de chárter náutico radicadas en Baleares depende de normalización de la movilidad en Europa y, aunque todavía faltan cuatro meses para el inicio de la temporada, el sector ve con mucha preocupación el panorama en los dos países que más clientes aportan, a lo que hay que sumar las consecuencias del Brexit.


