La 36ª edición de la America’s Cup se celebrará en Auckland (Nueva Zelanda) el próximo mes de marzo. La regata enfrentará al equipo local contra el desafiante que saldrá del ganador de la Copa Prada, una prueba que se está celebrando desde mediados de enero. Uno de los contendientes es el American Magic, sindicato estadounidense en el que está enrolada la mallorquina Elvira Llabrés, ingeniera en instrumentación que lleva metida en la Copa América desde que empezara su andadura en la vela profesional en 2007 en la edición que se celebró en Valencia.
Pregunta.– Con el inicio de la Prada Cup llega por fin la hora de la verdad…
Respuesta.– Así es. Teníamos muchas ganas de empezar la competición, que se ha visto retrasada por el Covid-19.
P.– En el equipo americano hay cerca de 20 españoles colaborando y trabajando. ¿Eso ayuda?
R.– El idioma de comunicación es el inglés pero el ver caras conocidas es un punto a favor. Somos bastantes. En mi departamento (performance y electrónica) hay tres españoles y todo resulta más fácil cuando no hay una barrera cultural.
P.– Usted tiene una gran experiencia. Estuvo en la organización de la Copa América que se celebró en Valencia y luego ha pasado por diferentes equipos como el Artemis sueco o el Japan Team.
R.– He tenido la suerte de compatibilizar mi carrera profesional con mi pasión por la vela. Desde que empecé en Valencia, no he trabajado en otra cosa que no sea la industria de la vela.
P.– Es analista de datos en el American Magic. ¿En qué consiste su trabajo?
R.– Disponemos del orden de 600 sensores y tomamos datos de unas 2.000 variables unas 20 veces por segundo. Cuando el barco está navegando, mi función es comprobar que los datos que estamos recogiendo tienen sentido y si hay algo que es erróneo, lo revisamos. Luego, toda esa información va a una gran base de datos y cada persona del equipo los analiza en función de lo que les interese. Al margen de eso, mi trabajo es la calibración de sistemas y desarrollo de piezas de software; por ejemplo, la herramienta que los tripulantes usan para ver la regata o programar displays a bordo.
P.– ¿Su labor sería parecida al trabajo que se hace en un equipo de la Formula 1?
R.– Se mide todo lo que se puede medir, desde el timón a los foils o la carga que soportan el mástil o las velas, porque nos ayuda a tomar decisiones de lo que funciona y lo que tenemos que mejorar.
P.– ¿Cómo se traducen todos estos números en un barco que ya está construido para que corra más?
R.– Aunque el barco no lo tocáramos más, con estos datos aprenderíamos qué es lo que funciona mejor dentro de unas condiciones de viento y ola. Todos los parámetros que tenemos generan infinitas combinaciones. Si no tienes una manera de estudiarlas con criterio, te puedes perder con los números. En este caso, el barco se puede seguir optimizando y los diseñadores también colaboran en las configuraciones. Los datos nos dicen si que lo que estamos intentando funciona.
P.– Supongo que es un trabajo cien por cien de equipo.
R.– Ahora mismo somos un equipo de unas 130 personas y todas estamos muy involucradas. A pesar de ser tanta gente, el objetivo común está muy claro y todas las partes están interrelacionadas.
P.– En las pasadas World Series se enfrentaron por primera vez todos los participantes, ¿cómo vio esta competición?
R.– Las sensaciones es que estábamos todos mucho más igualados de lo que esperábamos. Pensábamos que iba a haber diferencias pero parece que estamos bastante cerca unos de otros. Seguro que de cara a los próximos enfrentamientos habrá cambios, pero va a haber guerra y no va a ser un paseo para nadie.
P.– Por lo que se vio, el American Magic puede estar un peldaño por encima del Luna Rossa y del Ineos.
R.– El Ineos tuvo algunos problemas técnicos que espero que los pueda solventar. De todas formas nos enfrentamos con vientos ligeros y no sabemos qué pasará con vientos más duros.


