Estoy muy sorprendida, además de ser una de las afectadas, por el hecho de que los españoles que residimos en Mallorca –una isla perteneciente todavía al reino de España- tengamos que lidiar con las numerosas dificultades que nos plantean muchos empleadores del centro de Europa.
Empleadores de países de habla alemana como Austria, Suiza y Alemania exigen desproporcionadas competencias lingüísticas en relación con el puesto de trabajo a desarrollar, mientras que los alemanes, suizos y austriacos residentes en esta isla no están sometidos al “sufrimiento” de esta discriminación por motivos lingüísticos, ya que el castellano o español tan sólo es chapurreado por la mayoría de ellos en su área de trabajo y en muchos casos tan siquiera tienen conocimientos básicos de nuestro idioma.
El motivo para escribir esta carta ha sido la exclusión de mi candidatura para trabajar en el ámbito administrativo de empresas náuticas cofinanciadas por fondos de inversión suizos y alemanes y con sede principal en Mallorca.
Pese a tener los más altos conocimientos de alemán acreditados por el Goethe Institut y la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich, además de la obtención de varios certificados de especialidad de formación marítima y títulos profesionales de la Marina Mercante expedidos por la Escuela de FP Nauticopesquera de Palma de Mallorca y por la Marina Mercante Española, respectivamente, los intentos para formar parte de la plantilla de una empresa náutica europea han sido infructuosos.
La conclusión que saco de esta experiencia es que las empresas del centro de Europa prefieren contratar los servicios de hablantes nativos de su idioma, lo cual percibo como una total discriminación en mi propio país.
A diferencia de los empleadores procedentes de Alemania, Suiza y Austria, he constatado que los empresarios españoles no exigen competencias lingüísticas de alto nivel a los candidatos procedentes de esos países que vienen a Mallorca a trabajar en el sector náutico y turístico en general.
Muchos de ellos vienen con un vocabulario español muy limitado y obtienen los mejores puestos de trabajo. Estos sucesos hacen que me sienta como una extranjera en mi propio país.
La solución sería aplicar un quorum en empresas cofinanciadas por fondos europeos y con sede central en la isla española de Mallorca mediante el cual sea obligatorio contratar los servicios ofrecidos por españoles residentes aquí.
Si no ponemos remedio lo antes posible a este problema de discriminación lingüística en nuestro propio territorio creo que los españoles tendremos que emigrar otra vez a otras tierras.

