Las cianobacterias, de la especie Spirulina, fueron halladas a finales de agosto por un equipo de buceadores de Gaceta Náutica, que posteriormente recogieron muestras a instancias del departamento de microbiología de la UIB.
Los análisis corroboraron que los «tapetes microbianos» podrían estar alterando las condiciones del ecosistema. De ahí que la universidad haya decidido implicar también en la investigación del caso al grupo de Sistemas, Robótica y Visión, dirigido por el doctor Gabriel Oliver, que ya ha realizado una primera prueba de topografía de la zona afecada con el objetivo de «determinar el área que ocupan actualmente las manchas rojas de cianobacterias».
La exploración se llevó a cabo el pasado 4 de octubre sobre una superficie de 1000 x 1000 metros y permitió detectar una «zona muerta», sin ningún tipo de vida a excepción de las cianobacterias, de unos 50 x 200 metros. La prospección se corresponde aproximadamente con un 10% del total del área que podría estar afectada por lo que los científicos denominan «efecto pluma», es decir, la superficie alcanzada por los vertidos de un emisario en función de las corrientes marinas.
Fuentes de la Empresa Municipal de Aguas y Alcantarillados (Emaya), responsable del saneamiento del agua en Palma, informaron de que, después de varios meses de parón debido a la temporada alta, el emisario de Ciudad Jardín vuelve a estar a pleno rendimiento, es decir, que las condiciones que han propiciado la aparición de las cianobacterias no se han alterado, ya que, de momento, no existe otra solución para el vertido de las aguas fecales. Esta situación se está dando, en mayor o menor medida, en otros emisarios submarinos distribuidos por toda la geografía balear.


