¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

Los mallorquines tienen, por lo general, desapego e ignorancia de su historia, lengua y cultura, sobre todo marítima. La posibilidad real en estos últimos años de hacer un museo marítimo en Palma de Mallorca ha levantado muy pocas pasiones. Salvo contadas e ilustres excepciones a la gente se la ha soplado totalmente: no ha habido movimientos sociales, ni recogida de firmas, ni manifas, ni políticos implicados, ni cartas al director; nada. Lo único que ha intrigado a la gente y medios de comunicación ha sido su posible ubicación. Pura curiosidad choniesca.

Este desapego y pasotismo hace que me asalte la duda de si los mallorquines nos merecemos tener un museo marítimo o no.

La inmensa mayoría de mallorquines son ajenos a su historia marítima, la ignoran y/o desprecian. Existe multitud de patrimonio histórico marítimo que se venderá o perderá irremediablemente si no se crea un museo para albergarlo y protegerlo. Los mallorquines, como siempre, no se definen porque no se ha hecho una bandera política de ello, y no saben si hacer el museo es de derechas o de izquierdas. Quizá la solución pase por esperar a que se definan los que piensan por ellos, para que se defienda o ataque como si la subsistencia de la especie humana dependiera de ello. Ha pasado, por ejemplo, con el espantoso edificio de GESA o el monolito de Sa Faxina.

Esta falta de criterio, fruto de el conformismo y la incultura, ha hecho que muchos mallorquines renieguen públicamente de su lengua y cultura maternas y den por sentado que hablan catalán, cuando la lengua mallorquina existe con gramática y diccionarios desde 1496 y la catalana sólo desde 1840, es decir, 344 años antes. Por lo que, de ninguna manera podría ser la lengua de la que proviene el mallorquín. Aunque muchos tergiversen la historia e intenten imponernos, por Decreto-Ley, una lengua que no es nuestra, la historia ha sido la que ha sido y no admite interpretaciones. Tengan por seguro que llegará el día en que estos mismos subyugados “mallorquines” bramen por la completa desaparición de nuestra lengua y cultura maternas. Esta traición debería ser incluida en el Estatuto de Roma de 1998 como crimen de lesa dignidad.

Cuando Manolo Gómez y yo abrimos la página de facebook “Patrimonio Marítimo de las Islas Baleares”, hubo un par de exaltados a los que no les pareció bien y abrieron otra de inmediato exactamente igual, en catalán. Como comprenderán ustedes, así no podemos arribar a ningún puerto.

Incluso los que deberían dar ejemplo también adoptan una actitud genuflexa ante los chocheos de algún poderoso domador de voluntades, lo que ha hecho que la única oportunidad en cuarenta años de reabrir el Museo Marítimo de Mallorca se haya ido absurdamente de paseo, a valles lejanos.

La inacción de nuestros gobernantes, tanto de derechas como de izquierdas, está siendo letal para nuestro legado marítimo, incluso conociendo la precaria situación en que se encuentra, ignoran la realidad y no hacen nada para protegerlo.

Los mallorquines hemos perdido el norte y ya no sabemos ni quiénes somos. Rechazamos el legado tanto material como inmaterial que nos han dejado nuestros ancestros y nos sometemos a voluntades ajenas de una manera sumisa y cobarde. Quizá por todo ello no nos merezcamos tener un museo marítimo.

Dijo el Almirante Blas de Lezo que una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden.

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