El piragüismo español ha alcanzado un hito histórico al convertirse en la disciplina con más medallas olímpicas en la historia de la delegación española, superando a la vela, que hasta ahora ostentaba ese honor. Las tres medallas de bronce obtenidas en los Juegos Olímpicos de París 2024 han sido decisivas para que el piragüismo sume un total de 23 preseas, una más que la vela, que se queda con 22, y tres más que el atletismo, con 20.
Los artífices de este sorpaso han sido Pau Echaniz en eslalon, Marcus Cooper, Saúl Craviotto, Carlos Arévalo y Rodrigo Germade en K4-500, y Joan Toni Moreno y Diego Domínguez en C2-500.
A pesar del avance del piragüismo, la vela sigue siendo el deporte que más medallas de oro ha aportado al palmarés olímpico nacional, con un total de 14, frente a las cinco del piragüismo o el ciclismo. En los recientes Juegos de París, Diego Botín y Florian Trittel sumaron una más al proclamarse campeones en la categoría 49er, consolidando la tradición dorada de la vela española.
La vela, especialmente vinculada a los clubes náuticos, sigue siendo una cantera de talento en España. Esta estrecha relación entre los clubes y el deporte también se refleja en el piragüismo, Figuras como Marcus Cooper, Joan Toni Moreno y Sete Benavides (bronce en Londres 2012) dieron sus primeras paladas en los clubes náuticos de Porto Petro y Pollença.
Cooper, con un palmarés impresionante que incluye un oro en Río, una plata en Tokio y un bronce en París, es el ejemplo más conocido de éxito cuyo origen está en un pequeño club náutico mallorquín, un denominador que comparte con Benavides y Moreno. Los tres aprendieron a remar en equipos de base.
La vela balear, por su parte, ha sido una destacada contribuyente al medallero olímpico español con tres podios: Jordi Calafat, quien obtuvo el oro en la clase 470 en los Juegos de Barcelona 1992; Pepote Ballester, que se alzó con el oro en la clase Tornado en Atlanta 1996; y Joan Cardona, quien logró el bronce en la clase Finn en los Juegos de Tokio 2020.


