Robert Alcina (Palma, 1983) dirige Anicla Distribuciones, empresa que este año celebra su 50º aniversario en pleno proceso de crecimiento y transformación. Una pequeña firma familiar, fundada por José Alcina y Charo Fuster, que se ha convertido en un referente en la distribución de productos para la reparación y mantenimiento en el sector náutico y de automoción.
P.– ¿Cómo ha evolucionado Anicla Distribuciones en cinco décadas?
R.– El crecimiento de la empresa ha sido muy destacable en los últimos diez años, alcanzando una importante cuota de mercado y un buen posicionamiento. Sin lugar a dudas, el punto de inflexión fue acceder al sector de los megayates con la apertura de un punto comercial en el varadero de STP en 2011 y el traslado al moderno centro de distribución en el Polígono de Son Castelló. Malos momentos los vivimos, como todos, en la última crisis económica por la falta de liquidez de los clientes. En cambio, la pandemia fue un reto para el sector náutico, uno de los menos afectados.
P.– ¿Qué desafíos tiene actualmente el grupo y cuál cree que ha sido su mayor aportación en el tejido empresarial náutico de Baleares?
R.– Nuestra máxima aspiración siempre es dar el mejor servicio al cliente, reducir los tiempos de entrega, en paralelo con la disminución de los costes derivados de ese transporte. De ahí la reciente apertura de un punto de logística en Barcelona para cumplir con nuestros objetivos. Hay más mercado náutico en la capital catalana, desde donde trabaja nuestro delegado. Así atendemos pedidos online con una horquilla entre 24-48 horas máximo.
P.– ¿Qué distingue a Anicla?
R.– Actualmente, somos distribuidores exclusivos para España de 12 marcas internacionales de prestigio de las 150 firmas náuticas con las que trabajamos. El servicio y el equipo técnico nos distinguen. Nuestra innovación se basa en la continua búsqueda de productos punteros para el sector y en la constante formación que realizamos tanto para clientes como para los alumnos de las escuelas de formación de los futuros profesionales del sector náutico, como el CEIO. Es vital la transmisión de conocimientos y experiencia en un mercado que padece la falta de mano de obra cualificada en Baleares.
P.– ¿Cuál sería una de las líneas de negocio más destacables?
R.– Unos años atrás diversificamos nuestra empresa e invertimos en la distribución del plástico para el retractilado de embarcaciones y para el transporte de embarcaciones, que ahora distribuimos en exclusiva a Portugal y España. Las aplicaciones del plástico retractilado en otras industrias, no sólo la náutica, son múltiples, por lo que es un mercado de mucho futuro.
P.– Uno de los talones de Aquiles de las empresas es la falta de relevo generacional, de la cual son una excepción. ¿Cómo fue su incorporación?
R.– La realidad es que no quería continuar con el legado familiar, pero todo me condujo a quedarme en Anicla porque, la verdad, mi vida ha sido estar entre botes de pintura. Lo he tocado todo en la empresa y, en 2019, me ofrecieron tomar las riendas con el único consejo de que navegara con mi propio timón. Soy bastante conservador, es decir, siempre con los pies en la tierra.
P.– ¿Cuáles son las mayores trabas para las empresas de la industria náutica actualmente?
R.– La burocracia de la administración, sin lugar a dudas. Y no se entiende tanta complicación en la náutica general, uno de los sectores más punteros después de la industria turística.


