“La falta de incentivos y de infraestructuras son los grandes obstáculos de la descarbonización”
Adrià Jover, presidente de la Asociación Internacional Marítima Eléctrica (IMA), ha moderado una de las mesas de debate del Mallorca International Blue Marine Talks 2025, que se ha celebrado hoy en el Port Centre

Adrià Jover, presidente de la Asociación Internacional Marítima Eléctrica (IMA), ha moderado una de las mesas de debate del Mallorca International Blue Marine Talks 2025, que se ha celebrado hoy en el Port Centre

Adrià Jover, presidente de la Asociación Internacional Marítima Eléctrica (IMA), ha moderado una de las mesas de debate del Mallorca International Blue Marine Talks 2025, que se ha celebrado hoy en el Port Centre bajo la organización de la Autoridad Portuaria de Baleares y la Asociación Nacional de Barcos Eléctricos. La jornada, que ha reunido a expertos internacionales, representantes institucionales y empresas pioneras en innovación azul, se ha centrado en la descarbonización marina y el turismo náutico sostenible.

¿Cuáles son los principales obstáculos para la descarbonización de la náutica recreativa en España?
Diría que hay dos grandes frentes. El primero son los incentivos. No hablo de subvencionar la compra de barcos —que son artículos de lujo—, sino de incentivar el consumo eléctrico. Igual que durante décadas se han apoyado los hidrocarburos en el transporte aéreo, marítimo y terrestre, habría que trasladar ese esfuerzo al terreno eléctrico. Si el kilovatio/hora se ofreciera a un precio competitivo, las marinas y los puertos apostarían más rápido por esta transición, porque además de sostenible sería financieramente beneficioso.

El segundo obstáculo es la infraestructura. Hay que planificar pensando en los próximos 25 años, no solo en los cinco que vienen ahora. Grandes puertos como Long Beach, Los Ángeles, Houston, o Rotterdam invirtieron hace una década en proyectos multimillonarios para adaptarse a la demanda eléctrica, y aun así sus previsiones se quedaron cortas. Para ser competitivos, cualquier proyección debe multiplicarse casi por siete. Eso requiere colaboración real entre sector público y privado, porque solo de manera colectiva se podrán hacer las inversiones necesarias y dar confianza al consumidor y a los operadores de flota.

Hoy muchos consumidores son escépticos: las baterías tardan en cargarse, la infraestructura es limitada y los objetivos europeos parecen imposibles. ¿Cómo superar ese escepticismo?
Es un problema multifactorial. Primero, existe un lobby de los hidrocarburos muy poderoso, comparable al que tuvieron en su día las tabacaleras, que ha sabido proteger su sector y desacreditar alternativas. Segundo, la ansiedad del consumidor frente a lo nuevo: hasta que no lo prueba, genera rechazo. Lo vimos también con los coches eléctricos.

Aunque, sin duda, el mayor obstáculo es estructural. La falta de estabilidad regulatoria en Europa hace muy difícil planificar a largo plazo. La electrificación, tanto en tierra como en mar, necesita interoperabilidad: que un puerto esté conectado con la red vial, y esta con el aeropuerto, etc. Y en ese punto aparece un debate de seguridad nacional en el que entran los gobiernos, la OTAN y la geopolítica. Esa complejidad frena la ejecución. La teoría es clara, pero llevarla a la práctica requiere estabilidad y proyectos a 25 o 50 años, algo más habitual en países con estructuras más centralizadas.

¿Cree que las marinas están preparadas para dar ese salto o se limitan a cumplir con gestos mínimos de sostenibilidad?
Depende mucho de la visión de sus equipos directivos. Hay marinas que se limitan a lo básico: cumplir con normativas ambientales, instalar algunas placas solares o cambiar bombillas. Eso puede rozar el greenwashing. Sin embargo, también hay gestores que entienden que una marina no es solo un aparcamiento de barcos, sino que puede convertirse en un motor económico, un generador de energía o incluso un hub científico. Ese cambio de mentalidad marcará la diferencia.

En el marco del European Green Deal, ¿qué parte de los fondos para la transición energética corresponderá a España?
No lo sé. Eso corresponde a las instituciones españolas. Lo importante es que los países que presenten las mejores propuestas y que las lideren. Esto marcará el ritmo. España tiene dos opciones: estar al volante del coche o ir en el asiento de atrás, reaccionando y adaptándose mientras otros avanzan con diez años de ventaja.

¿Qué países están liderando esta transición?
Históricamente, Noruega y los países escandinavos. Lo llevan haciendo desde hace años y con gran coherencia, aunque es paradójico que su riqueza proceda del petróleo. Si bien, al menos, han sabido invertir ese capital en renovables y futuro.

En España también hay referentes. El puerto de Barcelona es un líder mundial en descarbonización de grandes infraestructuras, diría que está entre los cinco o seis mejores del mundo. Además, en el Cantábrico hay empresas que ya comercializan soluciones competitivas a nivel global.. Así que España no parte de cero.

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