El Juzgado del accidente mortal de Cala Bona pide un nuevo informe sobre el radar del yate
Prorroga la instrucción durante medio año para determinar si el "uso diligente" de este sistema pudo evitar la colisión en la que perdió la vida el joven Guillem Comamala

Prorroga la instrucción durante medio año para determinar si el «uso diligente» de este sistema pudo evitar la colisión en la que perdió la vida el joven Guillem Comamala

El Juzgado de Instrucción Número 1 de Manacor ha prorrogado durante seis meses la instrucción del caso del accidente de Cala Bona en el que perdió la vida el joven Guillem Comamala, de 21 años, tras ser arrollado el bote en el que navegaba por un yate de 20 metros el 23 de agosto de 2024. La decisión, adoptada a instancias de la Fiscalía, incluye la solicitud al Servicio Marítimo de la Guardia Civil para que amplíe su informe y determine si el “uso diligente” del sistema de radar en la lancha pudo haber evitado la tragedia, dado que la investigación ha confirmado que, en el momento del impacto, el radar se encontraba apagado.

En un auto dictado el pasado 30 de enero, el Juzgado de Instrucción también solicita que la ampliación del informe incluya un estudio sobre el campo de visibilidad del yate. El patrón de la embarcación, residente en Alemania, sigue teniendo la obligación de comparecer mensualmente ante el Juzgado de Manacor. En su declaración judicial de hace un año, reconoció no haberse percatado del impacto.

El informe inicial del Grupo de Homicidios de la Guardia Civil concluyó que el accidente se debió a una “concurrencia de responsabilidades de ambos patrones”, si bien aclaraba que el grado o porcentaje de culpa “debe ser establecido por juristas que conozcan del presente proceso”. Según consta en el atestado de más de 150 páginas, al que en su momento tuvo acceso Gaceta Náutica, si bien “es cierto que la vigilancia debió haber sido mutua” y que la embarcación alcanzada carecía de la preceptiva luz “todo horizonte”, el accidente pudo evitarse de haber mantenido el yate una “velocidad y vigilancia adecuada”. Los investigadores precisan que el fallecido, quien se encontraba pescando calamares a menos de una milla de tierra junto a su tío y un primo menor de edad, portaba una linterna que habría utilizado para señalar su posición antes del impacto.

El atestado detalla que los tripulantes del yate, una Riva Ribelle llamada La Luna, accedieron a la embarcación cuando ésta ya se encontraba precintada en el Club Náutico de Porto Cristo, y que su patrón era conocido por navegar habitualmente “de forma negligente, con exceso de velocidad a la entrada y salida del puerto”, según declaró un empleado de la instalación. También revela que el ciudadano alemán, Dennis V., regresó a su país dos días después de los hechos a bordo de su propio avión privado, cuando ya estaba al corriente de la investigación policial. Esa misma noche, la tripulación de La Luna había estado en la discoteca Bolero de Cala Rajada, tras pasar la jornada fondeados en Cala Agulla, donde se les vio consumir alcohol y protagonizar un altercado con otra embarcación.

El impacto

El tío de la víctima relató que el yate La Luna les impactó “levemente” en la popa, lo que les permitió salir de su trayectoria acelerando la marcha del motor fueraborda de su bote de 3,20 metros. Habían salido a pescar calamares a las 19.00 horas y, alrededor de las 21.15, decidieron regresar al puerto de Cala Bona. A aproximadamente 0,6 millas de la costa, el sobrino menor advirtió que un barco se dirigía hacia ellos a gran velocidad y a rumbo de colisión. Intentaron evitar el choque, que arrancó de cuajo el motor Tohatsu de 6CV, y vieron al yate alejarse “a todo gas”, mientras su primo Guillem caía por la borda. La linterna que portaba indicó la posición de la víctima, quien sufrió lesiones mortales en la cabeza. Contrariamente a lo que se pensó inicialmente, Guillem no estaba junto al motor, sino en el centro del bote, y según su tío, al ponerse de pie para hacer señales con la linterna pudo provocar que fuera el único en caer al agua.

El testimonio del sobrino menor subraya la imposibilidad de eludir la colisión: “El yate estaba muy cerca, era alto y nosotros tan bajos que ni pude ver a alguien de su tripulación; hizo girar nuestro barco unos 45 grados, no fue mucho. Me agarré, pero no llegó a tirarme; el golpe no fue tan fuerte”.

Ubicación

Un familiar aportó a la Guardia Civil las coordenadas donde se encontraba el bote, frente al mirador del Cap del Pinar, situando el accidente a algo más de media milla de la costa más cercana, en una zona frecuentada por embarcaciones de recreo que faenan calamares. El hermano del patrón del bote expresó que no entendía por qué el yate se había adentrado en esa bahía: “Ahí hay gente haciendo los calamares y no acceden barcos de estas dimensiones. Es un sitio donde te puedes encontrar kayaks o paddle e incluso buceadores. Es como si entraran conscientemente para molestar y asustar”.

El atestado recoge que Dennis V. y sus amigos consumieron alcohol durante la jornada y mostraron conductas de navegación imprudentes. Testigos relatan incidentes previos al accidente, como embestidas con el dinghy de La Luna. Una pasajera confirmó que el patrón bebió, aunque moderadamente, mientras que otros amigos mostraban claros signos de consumo. Durante la inspección del barco el 24 de agosto, la Guardia Civil encontró numerosas botellas y vasos con restos de bebidas alcohólicas.

La muerte de Guillem Comamala generó gran conmoción en Baleares. El conseller del Mar, Juan Manuel Lafuente, anunció poco después del accidente que el anteproyecto de la Ley de Costas y Litoral del archipiélago contemplaba limitar a 10 nudos la navegación de embarcaciones de 12 o más metros a menos de una milla de la costa, con el objetivo de reforzar la seguridad en zonas frecuentadas por pescadores y navegantes de recreo.

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