Calanova, la pieza clave en la vela española
Un grupo de antiguos monitores recuerda mañana la pionera labor de la Escuela Nacional de Vela, creada en 1976

Un grupo de antiguos monitores recuerda mañana la pionera labor de la Escuela Nacional de Vela, creada en 1976

La vela española no sería lo que es si no hubiera existido la Escuela Nacional de Vela de Calanova. Este deporte, junto con la piragua, es el que más medallas olímpicas ha ganado para el deporte español y todo empezó hace 46 años en la ensenada de Calanova.

Mañana, sábado, un grupo de casi un centenar de ex monitores de la antigua escuela, se reunirán en Palma para recordar aquel centro que fue pionero en tantas cosas y  marcó el camino con una concepción totalmente innovadora en la enseñanza y divulgación de un deporte que, hasta entonces, parecía inaccesible para la mayoría de la población.

Calanova rompió esos tabúes y se convirtió en germen de lo que sería la enseñanza y difusión de la vela, que después se ha ido extendiendo a los clubes náuticos, relevo de la maestra original, que acabó difuminándose hasta desaparecer con la privatización del puerto deportivo.

Loreto Bestard es una de las organizadoras del encuentro de antiguos monitores de Calanova y recuerda con alegría y orgullo los cerca de 15 años que pasó en la escuela al principio como alumna y después como monitora. Bestard resalta el papel de la escuela como difusora y divulgadora de la vela partiendo desde cero: “No había nada parecido, la única escuela nacional de vela. Fuimos los primeros en hacer salidas al mar con los niños para que conocieran lo que es la vela y también pasaron por allí deportistas de primer nivel, se hacían intercambios con otros países, desde Francia hasta Puerto Rico. Hoy en día ya no hay nada similar”. La ex monitora recuerda también otro de los aspectos innovadores de Calanova: “Fue la primera escuela en introducir la vela adaptada en los años noventa, trabajando entonces de manera conjunta con la ONCE”.

El primer director de la escuela y actual comodoro del Club de Mar, Manuel Nadal de Uhler, explica que el centro fue pionero en dos aspectos vitales: “Calanova fue el primer centro en el que se estructuró la enseñanza de la vela, se redactaron los primeros programas y los primeros sistemas. Después todo eso se fue aplicando tanto en la federación española como en el resto de escuelas que fueron surgiendo. También empezamos desde cero a crear y organizar la formación de los instructores y los monitores de vela, que tampoco había por aquel entonces. De allí salieron los primeros monitores de vela de toda España”.

La Escuela Nacional de Vela ha visto pasar por sus instalaciones a regatistas nacionales e internacionales que alcanzaron los laureles olímpicos y otros triunfos internacionales de primer nivel. Toño Gorostegui, Pepote Ballester o Jan Abascal son algunos de los nombres que navegaron en la escuela. Allí tuvieron también sus primeros contactos con la vela las infantas Elena y Cristina y el entonces Príncipe de Asturias y actual Rey Felipe VI. Su padre, el Rey Juan Carlos inauguró las instalaciones de Calanova menos de un año después de comenzar su reinado, el 16 de agosto de 1976.

Calanova formó también a los primeros monitores de vela de España.

El proyecto surgió en su origen como una escuela más local pero la repercusión fue creciendo hasta convertirse en la referencia nacional de la vela: “La idea surgió de Jaime Enseñat, que era el presidente de la federación balear, yo entonces era el vicepresidente. Se le ocurrió montar en Calanova, donde había un pequeño puerto prácticamente derruido, una escuela de vela”, recuerda Nadal.  La idea gustó en la federación nacional y llegó también al Consejo Superior de Deportes y se consiguió la financiación para hacer la escuela: “Al principio pensábamos en una escuela pequeña y habíamos previsto una inversión de 30 millones de pesetas (180.000 euros actuales), pero tras las conversaciones con el Consejo Superior de Deportes y buscando otros recursos llegamos a los 300 millones (1,8 millones de euros)”, detalla Nadal. Además de Enseñat y Nadal, también resultó vital para la llegada a buen puerto de la idea el trabajo de Antonio Burgos y Blanca Payeras en aquellos primeros años.

Los triunfos deportivos de la vela española llegaron más tarde como consecuencia de la concepción original, pero la escuela no se había planteado como centro de alta competición, según especifica su primer director: “La idea original no era formar grandes campeones, eso fue una consecuencia, sino que los jóvenes se aficionasen a la vela, conocieran el mar, la naturaleza y que lo que aprendieran a través del deporte de la vela lo pudieran aplicar a su vida, a sus estudios o a otras facetas”.

En sus inicios, el centro comenzó con Optimist, Cadete y Laser, además de los que entonces conocían como ‘Galeones’, los antecesores de las actuales ‘Gambas’, unas embarcaciones colectivas para cinco alumnos que en su origen eran de madera. Luego, la evolución de la vela marcó también la adquisición de nuevos tipos de embarcaciones como las tablas, 420, 470 y también cruceros. Calanova era autosuficiente también en el apartado de reparaciones y contaba con su propio taller de carpintería, mecánica y velería.

La Escuela Nacional de Vela fue un hito histórico en el deporte español cuya influencia no solo ha repercutido en el nivel internacional que nuestro país ha alcanzado en esta disciplina sino que ha resultado decisivo en la difusión y divulgación de la vela en todos los ámbitos de la sociedad. Los clubes náuticos han cogido afortunadamente el relevo en buena parte de esa labor pero ¿volverá a tener Baleares un centro formativo de referencia mundial como fue en su momento Calanova?

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