No es fácil encontrar voces que pongan en entredicho el discurso oficial sobre la supuestamente ineludible transición hacia una náutica de recreo 100% eléctrica. El Govern balear planea, sobre esta premisa, la prohibición de barcos de combustión interna de chárter en 2030. Pero hay un problema: los astilleros que suministran a ese sector están muy lejos de encontrar una solución segura y fiable que prescinda por completo de los motores diésel y de gasolina.
José María Jiménez, empresario de chárter y presidente de la asociación balear de alquiler de barcos, advierte de que la propuesta del Govern significaría la muerte de esta actividad y se pregunta por qué, en lugar de abrazar quimeras, los políticos no apuestan por fomentar la vela y la instalación de placas solares que permitan utilizar la electrónica a bordo sin la necesidad de arrancar el motor.


