Ninguno de nosotros puede siquiera imaginar lo que supone esta auténtica locura: atravesar a remo el Atlántico bogando sin parar durante más de un mes para conseguir completar la aventura. Hace unos días terminó la World’s Toughest Row, la titánica prueba en la que los participantes deben navegar las tres mil millas, 4.800 kilómetros, que separan la canaria isla de La Gomera del puerto antillano de Nelson’s Dockyard, en Antigua. En el mejor de los casos, más de un mes de navegación ininterrumpida afrontando los caprichos del Atlántico, desde encalmadas hasta tormentas eléctricas y temporales con olas de seis metros. Todo en mitad de la nada, 24 horas al día de remo, tres mil millas sin pausa con participantes que pueden formar parte de embarcaciones por equipos de hasta cinco deportistas o incluso afrontar esta locura en solitario.
En esta ocasión el ganador ha sido el equipo Oardacious, formado por cinco marineros de la Royal Navy británica que tras partir el 13 de diciembre de La Gomera tardó 35 días y 4 horas en completar la travesía. Los cinco triunfadores lucieron en sus manos al llegar a la meta las bengalas que ya tradicionalmente encienden los primeros en completar la proeza pero en realidad en esta épica aventura todos los que llegan son ganadores.
El año pasado había visto el único triunfo español en esta prueba gracias al equipo Ocean Cats, que completó la travesía transatlántica en 31 días y 17 horas. La marca es lo de menos si se consigue llegar a la meta en esta durísima prueba. El récord lo estableció en 2017 el equipo británico The Four Oarsman con 29 días y 13 horas. Más increíble todavía resultó el récord individual que estableció ese mismo año el neerlandés Mark Slats con 30 días y 7 horas.

Los cinco integrantes del equipo Oardacious invirtieron 35 días y 4 horas en completar la travesía de 3.000 millas.
Los cinco campeones de este año que se impusieron entre 36 equipos llegaban a Antigua como todos, con poblada barba, exhaustos pero a la vez extasiados ante la magnitud de su logro. Y esa magnitud no se alcanza solo con fuerza física, con ser los primeros en llegar, sino con tesón y resistencia mental. Prueba de ello la dio Daryl Farmer en 2016 que llegó a Antigua 96 días después de salir de Canarias, más de tres meses remando en solitario, después de haber roto el timón 20 días después de la salida.
Hay que estar preparados para la aventura porque el participante medio en la World’s Toughest Row gasta unas 5.000 calorías al día y pierde 8 kilos durante la aventura.
Durante tantas jornadas a veces los remeros se ven sorprendidos por inesperadas visitas, unas agradables y otras menos. En la edición de 2018 Kelda Wood fue acompañada por una ballena durante siete días. Sin embargo, no se sabe bien el motivo, pero estas embarcaciones no parecen estar muy bien vistas por los peces espada, que ya han aseteado en más de una ocasión su casco atravesándolo y originando una más que justificada alarma entre los tripulantes.
La historia de las travesías a remo del Atlántico comenzó a finales del siglo XIX, cuando en 1896 dos inmigrantes noruegos, George Harbo y Frank Samuelsen, cruzaron desde Nueva York hasta Inglaterra. No hay constancia de que la hazaña se repitiera hasta seis décadas después, en 1966, cuando Sir Chay Blyth y John Ridgway completaron en 92 días el viaje oceánico entre Cape Cod, Massachusetts, e Irlanda. Fue 31 años después, en 1997 cuando el propio Blyth puso en marcha la que entonces se denominó Port St. Charles Rowing Race, partiendo desde Tenerife y con llegada en Barbados. En aquella primera edición participaron 30 equipos (todos eran de dos remeros) y terminaron 24. Los ganadores neozelandeses tardaron 41 días y 2 horas en completar la hazaña.
A partir de 2001 la prueba se consolidó, cambiando de nombre en función de organizadores y patrocinadores pero manteniendo el mismo espíritu y se celebraba cada dos años hasta que en 2015 pasó a ser anual. Incluso en el último año se ha introducido una versión Pacífico con salida en junio en Monterrey, California, y llegada a Hawai tras cubrir una distancia de 2.800 millas.
La World’s Toughest Row es sin duda una hazaña al alcance de pocos en la que hay que estar dispuesto para soportar un extremo esfuerzo físico, la falta de sueño y las alucinaciones que a veces originan el aislamiento y el cansancio. De momento, el comandante Matt Main, uno de los integrantes del equipo ganador de este año, recomendaba al final de la prueba a quien quisiera escucharle que es mucho mejor cruzar el Atlántico en avión.
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