El equipazo de la Copa del Rey, un ejemplo de cooperación
He visto trabajar estos días a esos hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, con calor extremo, durante horas y horas, días y días, sin perder nunca la amabilidad y la sonrisa.

He visto trabajar estos días a esos hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, con calor extremo, durante horas y horas, días y días, sin perder nunca la amabilidad y la sonrisa.

Me parece impresionante ver a más de cien veleros impulsados sólo por el viento en perfecta armonía frente a nuestra ciudad. Todos navegando gracias al impulso del  “embat”, una especie de “motor” natural que hace de la Bahía de Palma el mayor estadio deportivo imaginable. Un espectáculo de coordinación en la navegación sólo comparable con las más de doscientas personas, la gran mayoría anónimas, trabajando con un mismo propósito, como una tripulación bien entrenada, para la perfecta organización del evento. Un evento que, por cierto, ya hace más de diez años que se autoregula para que tenga una dimensión “controlable”. Se calcula desde hace tiempo el número máximo de embarcaciones que pueden participar sin “entorpecerse”, demostrando que es posible alcanzar el éxito, y repetirlo y repetirlo años tras año, sin morir de ese mismo éxito. Este tema, la autoregulación, merece una reflexión más profunda, que ya abordaremos más adelante.

Todo ese éxito de organización es mérito de unos mallorquines, muchos, que desde hace décadas enseñan a las generaciones siguientes para avanzar, sin protagonismo, sin estridencias, de un modo casi discreto, al estilo mallorquín, rumbo al futuro.

He visto trabajar estos días a esos hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, con calor extremo, durante horas y horas, días y días, sin perder nunca la amabilidad y la sonrisa. Desde las chicas del control de entrada, hasta los balizadores en el mar, pasando por decenas y decenas de personas midiendo o revisando barcos en tierra, controlando la seguridad, manejando las embarcaciones de apoyo o dando toda la ayuda posible a la prensa local, nacional e internacional. En definitiva, personas, mujeres y hombres, casi en el mismo porcentaje, de aquí, de casa, en un evento que es deportivo y social, pero sobre todo un ejemplo de superación individual y colectiva.

Para mí es una muestra de lo que podemos hacer los mallorquines cuando nos dejamos de tonterías y vamos todos a una. En eso somos un poco como los japoneses, con humildad y discreción, cada uno buscando hacer su trabajo lo mejor posible, desde el presidente al encargado de aparcar los coches, todos entendiendo que cada posición es vital en un evento tan grande y complejo.

El presidente del Real Club Náutico de Palma puede estar muy orgulloso de su equipo, como lo estoy yo de tenerlos como vecinos de mi ciudad, una ciudad preciosa que se viste de gala durante la primera semana de agosto desde hace más de cuarenta años.

Tenemos en la isla un tesoro secreto en nuestra bahía, formado por seres humanos excepcionales, que dejan a los deportistas, periodistas y autoridades visitantes completamente impresionados por su buen hacer. ¡Qué bien nos iría si trabajáramos todos así siempre¡

La Copa del Rey de Vela me emociona cada año por la gente que en ella trabaja, y os lo quería contar, simplemente.       

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