La protección del mar genera beneficios más allá del medio ambiente. Así lo muestran los datos, que revelan un aumento de las especies de interés pesquero en prácticamente todas las áreas controladas de las Islas Baleares. La mejora de los ecosistemas marinos promueve, además, la denominada economía azul, incrementando la actividad de empresas ligadas al mar, como por ejemplo los centros de buceo.
El Mar Balear cuenta con ocho figuras diferentes de protección, de naturaleza muy distinta: el parque nacional marítimo-terrestre de Cabrera, el corredor de migración de los cetáceos del Mediterráneo, 12 reservas marinas de interés pesquero, 4 parques naturales, la Red Natura 2000, el Paraje Natural de la Serra de Tramuntana y la Reserva de la Biosfera marina de Menorca.
Una actualización reciente del Informe Mar Balear, financiado por la Fundació Marilles, analizó la evolución de los peces en 10 reservas marinas de interés pesquero, el Parque Natural de S’Albufera des Grau y el Parque Nacional marítimo-terrestre de Cabrera. Los datos obtenidos muestran una mejora de la cantidad de peces en todas las áreas estudiadas salvo Cabrera.
LAS CIFRAS
En algunas zonas, el aumento ha sido muy notorio. La reserva marina de la Isla del Toro registró entre 2005 y 2022 tres veces más biomasa -es decir número de kilos de peces por cada 250 metros cuadrados-. Y en las Islas Malgrats este incremento fue de cuatro veces más.
Paralelamente, también se detectó un aumento del número de especies distintas en las aguas superficiales de las reservas de Sa Dragonera, Levante de Mallorca, Norte de Menorca, Costa nordeste de Eivissa-Tagomago y Freus de Eivissa y Formentera; así como en las aguas profundas de Sa Dragonera, la costa nordeste de Eivissa-Tagomago y Norte de Menorca.
Otro informe, en este caso del Govern, ofrece resultados aún más importantes. En la Reserva Marina de Sa Dragonera, la biomasa media se multiplicó por 7 en las aguas profundas interiores en un periodo de seis años, y por tres en las aguas profundas exteriores en tan solo 21 meses. Una mejora que también afectó a la variedad de especies detectadas y a la talla de los individuos.
Las comunidades de peces de Baleares sufren, principalmente, la presión de la pesca, que puede ser de tres clases. La primera de ellas es la profesional, fundamentalmente mediante las artes menores del tresmall y el palangre. La segunda es la recreativa, que se practica con caña, volantí o a la fluixa. Finalmente, nos encontramos con la pesca de tipo ilegal.
ESPECIES INVASORAS
La pesca, ejercida de manera continuada y sin limitaciones puede dañar el ecosistema marino, ya que supone la pérdida de ejemplares a nivel trófico superior y la disminución de su talla. Secundariamente, también ejercen una presión dañina sobre las comunidades de peces la proliferación de algas, invertebrados y peces alóctonos, es decir, no originarios de Baleares. La Fundació Marilles señala que la gestión pesquera en Espacios Marinos Protegidos tiene un «efecto reserva», permitiendo la recuperación de las especies explotadas.
Pero la pesca no es la única actividad beneficiada por la protección de espacios marinos. El informe Mar Balear pone de manifiesto un aumento muy importante de la actividad de los centros de buceo en las reservas marinas de interés pesquero. Concretamente, desde el año 2005, el número de inmersiones de buceo recreativo en estas áreas ha pasado de 12.735 a 75.936, un aumento de prácticamente el 500%. Si se analizan estos datos por superficie, se obtiene que el número de inmersiones en reservas marinas se ha cuadriplicado, pasando de 29 inmersiones por kilómetro cuadrado en 2005 a 121 inmersiones en 2023.
El 95% de estas inmersiones pertenecen a centros de buceo y menos del 5% tienen que ver con autorizaciones individuales. En este sentido, según el Informe Mar Balear, esta actividad «supone una fuente de ingresos y crea lugares de trabajo a través de los centros de buceo, contribuyendo a expandir una economía ligada al mar –la denominada economía azul–».
La comunidad científica reclama que se tome en consideración el «capital natural», alegando que los ecosistemas bien gestionados proporcionan beneficios económicos y sociales. En este sentido, se consideran activos de capital natural la pesca de animales acuáticos y las actividades recreativas activas o pasivas, pero también las aguas limpias, la protección de la erosión costera y la captura de dióxido de carbono.


