Gestión marina: menos catastrofismo y más honestidad
Existe una posibilidad de colaboración que se está desaprovechando: los pescadores submarinos

Existe una posibilidad de colaboración que se está desaprovechando: los pescadores submarinos

La reciente conferencia sobre el cambio climático en el mar balear y el Mediterráneo volvió a plantear, una vez más, un escenario marcadamente catastrofista. Marilles expuso una visión preocupante y radical, situando al ser humano como causa principal del problema y presentando las reservas marinas de interés pesquero como la única solución posible.

Sin embargo, estas reservas, tal y como están diseñadas, se limitan a la franja costera comprendida aproximadamente entre los 0 y los 30 metros de profundidad, con algunas excepciones ligeramente mayores. Mientras tanto, el calentamiento del Mediterráneo es un fenómeno evidente: cada año la temperatura aumenta con mayor rapidez y los peces se desplazan hacia cotas más profundas.

Un ejemplo claro es el pulpo. En verano desaparece de las zonas menos profundas, justo cuando coinciden las restricciones de pesca en junio y julio. En cambio, a partir de los 50 metros, donde el agua se mantiene más fría, puede encontrarse sin dificultad.

La adaptabilidad de las especies implica un movimiento constante entre diferentes profundidades, dependiendo de la temperatura, la época de freza o la disponibilidad de alimento. Este verano incluso se han visto grandes depredadores en zonas de poca agua. También han llegado nuevas especies, que se van aclimatando poco a poco al régimen térmico del Mediterráneo, aunque deben superar igualmente el invierno, lo cual no es tan sencillo.

¿Es necesariamente negativo este proceso? Depende. Las especies se ajustan al clima y al medio, lo que genera una mayor movilidad entre cotas y favorece una diversificación natural de los hábitats. Además, el calentamiento incrementa la salida de peces fuera de las reservas, algo que beneficia directamente a la pesca profesional.

Entonces, ¿por qué no plantear reservas marinas integrales más amplias y a mayor profundidad? La respuesta es sencilla: no interesa. El modelo actual está diseñado como un sistema de gestión a medida para la pesca profesional. Cambiarlo implicaría enfrentarse a un colectivo que no desea modificaciones, y políticamente nadie parece dispuesto a asumir ese conflicto.

Mientras tanto, la pesca recreativa soporta restricciones que la sitúan en clara desventaja respecto a los profesionales, algo que no debería ser así. La soberanía alimentaria debe respetarse: los profesionales tienen derecho a ganarse la vida en el mar, pero ese mar es de todos. Y todos deberíamos poder acceder a él para obtener, de forma regulada y cumpliendo tallas y tasas, nuestra propia comida.

Las reservas, por sí solas, no solucionan el cambio climático. La huella de carbono se traduce en un calentamiento continuo y en un clima tan variable que es imposible predecir con exactitud cómo afectará al funcionamiento del Mediterráneo. Ningún modelo matemático podrá anticiparlo plenamente.

Por ello, sería más razonable replantear el diseño de las reservas marinas y extenderlas a mayores profundidades, creando verdaderos santuarios en zonas donde nadie pueda pescar. Al mismo tiempo, habría que revisar las reservas actuales en cotas muy someras, que serán las primeras afectadas tanto por el calentamiento como por los residuos que nadie está resolviendo.

¿Qué falta? Voluntad política para gestionar según la realidad y no únicamente según modelos estadísticos. Hay que mirar al futuro sin caer en discursos catastrofistas que presentan la posidonia como salvadora universal, y adoptar un planteamiento más práctico y completo.

¿Quién podría actuar ya? Existe una posibilidad de colaboración que se está desaprovechando: los pescadores submarinos. Actualmente no pueden entrar en espacios donde sí faenan los profesionales. Sin embargo, son quienes mejor observan y conocen el mar en primera persona. Su participación permitiría detectar cambios y problemas antes de que se agraven, especialmente en caso de incidentes medioambientales. Pero ¿interesa? Hasta ahora, no.

Animo a los responsables políticos y a las asociaciones que se presentan como “ecológicamente correctas” a actuar con más sinceridad y a tener en cuenta aspectos que hoy se están ignorando. Entre todos podríamos mejorar la gestión, pero la gran pregunta es: ¿se quiere realmente? ¿O hay demasiado dinero en juego como para plantear cambios profundos?

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