Me gusta mucho el Plan Marco del Puerto de Palma, aunque hay algo que me inquieta: la gestión de la futura escuela municipal de vela y piragüismo. Por un lado, al hablar de ella como un elemento fundamental para la ciudad se da a entender poco menos que en la Bahía de Palma no existe posibilidad de practicar la vela, cuando pasa exactamente lo contrario: los mejores clubes náuticos del país ofrecen aquí ese servicio a cientos de jóvenes a un precio casi simbólico. Por otro, a nadie se le escapa que hay varias entidades queriendo arrimar el ascua a su sardina para apuntarse el tanto. Se habla, incluso, de que sea, además de escuela, un centro de alto rendimiento en el que puedan entrenar equipos extranjeros. Me pregunto qué tiene que ver eso con un centro municipal. Por último, espero que a nadie se le ocurra plantear una gestión directa por parte de la administración: el desastre estaría garantizado.
Por cierto, hace más de dos años, los políticos que entonces ocupaban el poder se hicieron una foto en el estanque de patos del Molinar (antes conocido como Club Marítimo) para anunciar un centro de alto rendimiento en los míseros pañoles que no se quedó el concesionario de la dársena. Entonces se desplegó un cartel con la cifra de inversión: más de 400.000 euros. Hubo declaraciones grandilocuentes, algunas de personas que no se han subido a un barco en su vida. ¿Han visto ustedes algo de aquello? Yo no. O sea, que mucho ojo con hacerse ilusiones.
Para que no parezca que este cabracho está siempre de mal humor, les insisto: el Plan Marco me gusta mucho, especialmente, la recuperación del Paseo de la Riba, con su icónico faro incluido. No es habitual que una administración muestre la mínima sensibilidad patrimonial. También creo que ha sido un acierto promover un concurso internacional de ideas para el desarrollo integral del plan. Palma llevaba muchos años pensando en pequeño porque sus políticos y dirigentes eran auténticos pigmeos.

