Buen marino y mejor abogado, Francisco Puxol había sido nombrado recientemente miembro del Colegio Penal Internacional. Fue precursor del arbitraje para la solución de los conflictos. El día de su muerte navegaba en solitario de regreso a su amarra en Peñíscola, tras comer en Benicarló, un puerto situado a tan solo 6 millas de distancia.
Los primeros indicios apuntan hacia una repentina caída al agua. Su velero, un resistente Beneteau de siete metros de eslora, apareció el lunes siguiente varado en la playa de Gandía, a 88 millas de distancia del lugar donde, presuntamente, cayó al agua, y hasta donde fue arrastrado por la corriente dominante en aquella zona.
.s1 Todos los que navegamos nos sentimos seguros en nuestras embarcaciones y pensamos que una cosa así nunca nos puede suceder a nosotros. Nada más alejado de la realidad, sobre todo, a medida que vamos cumpliendo años y nuestros reflejos merman: un simple traspiés con cualquier herraje del barco, una pérdida momentánea de equilibrio por una ola que se cruza, u otra circunstancia, pueden poner fin a nuestra vida, pues la temperatura del agua fuera de la temporada de verano no nos permitirá aguantar demasiado tiempo a pesar de que estemos en la proximidad de la costa. Si no vamos atados, el chaleco salvavidas al menos nos ayudará con su flotabilidad a nadar con ímpetu y compensar los fatales efectos de la hipotermia.
Siempre recuerdo del genial marino Angust Primrose, navegante oceánico y diseñador de míticos veleros como el West-Wind y North-Wind, su empeño en que los navegantes solitarios se atasen a los barcos durante la navegación y llevasen siempre puestos los chalecos salvavidas. Gracias a él, Inglaterra fue pionera en el uso de los pequeños chalecos que pueden colocarse desinchados y que, cuando navegamos solos, no entorpecen la ejecución de las maniobras, todo lo contrario de los esperpénticos chalecos homologados en nuestro país, que solo animan a meterlos en el fondo de un tambucho.
Debemos recordar que, cuanto más pequeño es un barco, más papeletas tenemos para irnos al agua de forma inesperada, pues su estabilidad es también menor y tienen menos puntos de agarre. Así que, amigos navegantes, que la trágica muerte de este buen marino y mejor persona, Francisco Puxol, sirva al menos para hacernos reflexionar un momento y, cuando naveguemos solos, nos atemos al barco y llevemos puesto el chaleco salvavidas, pues ya sabéis que a la mar hay que darle pocas ventajas.

