Barcos abandonados en alta mar: el caso Orlova
El buque ruso, alquilado por una empresa canadiénse y finalmente comprado por unos chatarreros árabes, ha estado más de 13 años a la deriva poniendo en peligro la seguridad y la salud del mar

El buque ruso, alquilado por una empresa canadiénse y finalmente comprado por unos chatarreros árabes, ha estado más de 13 años a la deriva poniendo en peligro la seguridad y la salud del mar

Aunque a algunos les pueda parecer algo anecdótico, los barcos abandonados en alta mar, o aguas internacionales, cada vez son más numerosos debido a los altos costes de mantenimiento, desguace y permanencia en los puertos. Sin embargo, el caso del Orlova traspasa las barreras éticas de lo que se puede hacer en la mar, por ser sus protagonistas estados del primer mundo.

Los últimos datos del barco de pasajeros Lubov Orlova los acabamos de conocer, aunque su periplo comenzó en 2010. Era un viejo crucero ártico de propiedad rusa, abanderado en las islas Caimán, alquilado por una empresa canadiense que hacía travesías por los fiordos de Groenlandia. Pero, como estaba en un estado lamentable por falta de mantenimiento, y había contraído una gran deuda con el puerto y la tripulación, fue abandonado en un muelle de Saint Jon, en Terranova.

Tras el paso de tres años, el puerto lo embargó por 250.000 dólares al no pagar su amarre, y la justicia autorizó a venderlo por esa cantidad más los gastos del procedimiento a unos chatarreros árabes, que pretendían llevarlo a República Dominicana para desguazarlo, ya que su valor podía alcanzar 800.000 dólares. El negocio saldría si encontraban un remolcador que lo llevase hasta la isla caribeña. Compraron uno pequeño en Nueva York, que llevaba años parado, que logró llegar a Saint Johns. Pero las autoridades canadienses no permitirían la travesía hasta que no se corrigieran unos desperfectos que hacían inviable la travesía con semejante desplazamiento a remolque.

Restos de un buque abandonado en la mar.

Por fin, el 13 de enero de 2013 sacaron al Orlova del puerto y lo amarraron detrás del remolcador para hacer las 1.500 millas hasta República Dominicana. Los nuevos propietarios suscribieron un seguro de pérdida total de 300.000 dólares, que cubría las cantidades ya pagadas.

Los problemas no se hicieron esperar y, tras dos días con buena mar, se levantó un duro noroeste que partió la eslinga del remolque. Una y otra vez trataron de hacerse con el barco, sin conseguirlo. Para empeorar las cosas, el capitán del remolcador afirmó que era imposible llegar al Caribe, por lo que, cubiertos por el seguro, decidieron abandonarlo a 100 millas de la costa.

El uno de febrero la marina canadiense advirtió del peligro que representaba la deriva del Orlova, que se movía hacia unas torres de petróleo, a las que podía infringir graves daños. Mandaron un potente remolcador para que lo alejara hacia el Este, a aguas internacionales, y allí lo abandonaron.

El 15 de marzo se activó la baliza de seguridad de uno de sus botes salvavidas al caer al agua por un temporal. Tras una descomunal deriva dada la dirección de los vientos dominantes, el barco llegó a 170 millas al oeste de las costas irlandesas, lo que alertó a sus guardacostas, que sabían por uno de sus marineros que el Orlova no estaba descontaminado ni habían vaciado sus residuos de aceite y gasóleo.

Para empeorar las cosas, el marinero contó al periódico Irishs Sun que estaba invadido por ratas enormes, que proliferaron durante los años que estuvo atracado al muelle en Saint Paul. El tabloide británico The Sun dio titulares como éste: “Un barco a la deriva repleto de ratas caníbales se acerca a las costas inglesas”. Días después, el Orlova desapareció de radares y satélites, al parecer, y según se decía en puertos irlandeses, por un torpedo. En una foto difundida ahora, que mostramos, vemos el buque escorado antes de hundirse, aunque no se dice dónde se encontraba.

El año 2025 ha batido el récord de barcos abandonados, llegando a los 109. La excusa de los navieros es que no se pueden pagar sueldos y mantenimiento y, como su valor de chatarra es cada vez más bajo, los abandonan. Cuando se produce en los puertos, las capitanías los subastan tras un largo procedimiento, y entran en acción los chatarreros que, como en el Orlova, lo aseguran por el precio de la subasta y tratan de llevarlos a los desguaces. Muchos de estos remolques fracasan, y dejan los barcos a merced de la mar, generando gravísimos peligros para los navegantes y el medio ambiente.

El Orlova saliendo del puerto tirado por un remolcador antes de su abandono.

Un informe de RightShip asegura que, a día de hoy, hay 247 barcos abandonados entre puertos y alta mar. De ellos, 45 nadie sabe dónde están. Algunos han acabado encallados en una costa lejana; otros siguen derivando al capricho de corrientes y tormentas, poniendo en gravísimo peligro la navegación. Los barcos llevan bandera de Panamá en un 35%, Liberia, Granadinas, Togo, Malta, Belice, Tanzania, Sierra Leona, Comoro, e islas Marshall, países en los que debería estar prohibido matricular barcos que atracan en puertos de occidente. La mayoría son de carga, seguidos de transbordadores y barcos de pasajeros.

La antigüedad de los barcos influye en este desbarajuste delictivo consentido, siendo naves de entre 35 y 50 años. Los estados toman medidas para proteger a sus marineros cuando el abandono se produce en un puerto, pero no hacen nada por los que, de forma repentina, se sueltan del remolcador en aguas internacionales y sus propietarios de desentienden de ellos.

El caso del Orlova es la punta del iceberg de la permisividad en alta mar. Escondidos detrás de las olas, quedan muchos barcos viejos a la espera de alcanzar una costa para destrozarla con sus residuos. O abordar a otras embarcaciones. La Omi y los navieros miran para otro lado, confiados en que la sociedad no se percate del asunto y, como en los casos de petroleros, gaseros y quimiqueros, no se les obligue a tomar medidas contundentes sobre este gravísimo problema que pone en jaque a los mares del mundo, pues, cuando una mariposa mueve sus alas en Asia, toda Europa se constipa.

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